Delfina Chaves nos visitó en la oficina y nos contó sobre su experiencia filmando La Casa del Mar, la serie original de DIRECTV, que significó su primer papel protagónico.
Los inicios de su carrera, el éxito actual de ATAV, su futuro profesional y la visión sobre el feminismo de una actriz –joven– pero con una amplia experiencia en papeles de mujeres fuertes.

¿Cómo te preparaste con respecto a la temática de la serie? Tenías 18 años y ahora la posición de la mujer ha cambiado mucho.

Fue un guion y una historia muy visionaria, por la forma que se trató también porque hablamos con un montón de terapeutas mujeres. Hoy me sorprende muchísimo porque lo tratamos con muchas cosas de las que se están hablando hoy y el lugar que se le da a la mujer en la serie y como eligen contarla a Laura y desde qué lugar ella saca la fortaleza para enfrentar a su familia y a su abuelo, que es un político con mucha exposición. Lo más interesante es que contaron la parte humana de ella, tiene un montón de debilidades y manipulaciones, y tampoco es poner a la mujer en un lugar de súper heroína y que no hay debilidades ni fallas. Me parece que se respetan las dos cosas y eso la vuelve muy humana.

Tanto en La Casa del Mar como en la novela que estás haciendo, hay una conexión en tus personajes de mujeres que atraviesan en algún punto situaciones difíciles con los hombres. ¿Cómo los encarnaste?

En la novela había una historia en la que yo entraba a trabajar a un diario en los años 30 y también había un hombre que ejercía su cargo y lo usaba para aprovecharse de mí. Entonces me parece que toca los mismos lugares, que es derecho de piso y hasta dónde pongo un límite. Me parece que, en cuanto a La Casa del Mar, al principio, Laura decide escapar porque no quiere denunciarlo y las personas a las que ella se los comunicó decidieron no ayudarla y no creerle. Ella vuelve porque se da cuenta que la única forma de evitar que esta persona vuelva a hacer lo mismo es denunciando. Eso es muy interesante porque yo me pregunto realmente si lo haría. Si tuviese los ovarios que tuvo Laura para exponerlo de esa forma. La víctima, lamentablemente, es la que sigue teniendo la vergüenza.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con el grupo de actores, ya que iniciabas tu carrera en ese momento?

Hoy no puedo creer haber trabajado con actores como Juan Gil Navarro, Darío Grandinetti, Soledad Villamil, Federico Olivera y Gloria Carrá, y la Delfi de ese momento menos que menos. Estaba muy nerviosa, fue un grupo súper generoso. Juan (Gil Navarro), con el que compartí el 90% de mis escenas, fue increíble como persona porque me acompañó. Aprendí muchísimo actuando con él, de su sensibilidad. Juan tiene una parte femenina muy fuerte. Darío (Grandinetti) es una eminencia. A Juampi (Laplace) lo recuerdo con muchísimo cariño, fue un maestro para mí. Me dio una seguridad que yo no tenía en mí misma. Fue un eslabón muy imprescindible.

¿Qué diferencias ves entre Delfina de 18 años y la de hoy, a nivel profesional y personal?

Uno va teniendo horas de vuelo, entonces va entendiendo que es contradictorio, que puede cometer más errores y no pasa nada. Entender que el error es muy común en nuestra profesión, que se puede jugar o explorar y si estás rodeado de un equipo que te da ese espacio, te da seguridad. Si bien hay que seguir estudiando toda la vida para ser actor, aprendí a jugar, a divertirme y a equivocarme un poco más.

Si tuvieses que elegir alguna palabra o virtud que te defina, ¿cuál sería?

Tengo dos virtudes que se pueden ver como algo bueno y como algo malo. Soy muy perseverante, incluso a veces cabeza dura, y soy muy transparente. Muchas veces me quiero hacer la misteriosa, pero me parece que se escapa igual. Soy muy emocional y se me nota.

¿Con qué actriz, actor y/o director soñás trabajar en el futuro?

Sueño con hacer mucho cine y trabajar con directores y directoras que saben lo que quieren y que me enseñen. Trabajar con grandes maestros es mi primer objetivo.

¿Cómo es tu vínculo con la fama que te dio la televisión?

Son las reglas del juego, uno sería medio tonto si no quisiera esa fama porque sabe que viene con eso, tenés que aceptarlo. Tampoco es que me paran en la calle todo el tiempo, no soy Mick Jagger, no lo sufro tanto. Sí me sorprende que algo tan íntimo como es actuar, de repente pase a estar en la televisión frente a millones de personas y se traspase a la calle. Me estoy amigando y aprendiendo a llevarlo.

Con Laura, la gente se me acercó un montón contándome que se había sentido identificada con esa historia y para mí fue una gran responsabilidad porque sabía que había muchas personas del otro lado mirando y decidí contarla con muchísimo respeto.

¿Cómo te llevás con la forma de mirar maratones hoy en día?

Cuando me engancho, me engancho y no puedo parar. Es como que veo una película larga. Y hay algo de verlo todo junto que uno ve un montón de cosas que si prende y apaga no termina de engancharse. Para mí hay algo maravilloso, que es que mi generación vive pendiente del on demand, uno prende y ve cuando quiere en el momento que quiere. Me parece que todas las plataformas y todos los medios de comunicación se están aggiornando a esto porque es el futuro y para mí, encontrar lo que la gente necesita, es maravilloso.

¿Qué significó para vos trabajar en La Casa del Mar? ¿Cómo te marcó ese papel?

La Casa del Mar fue un antes y un después en mi carrera. Fue mi primer trabajo, mi primera experiencia con un director, con una cámara, con muchos meses de ensayo y preparación. Me hizo enamorarme más de la profesión. De hecho, es mi proyecto preferido sin dudarlo. Guarda un lugar muy especial en mi corazón.